
En el nuevo programa de “Con Buena Energia”, en colaboración con EsRadio Elche, Manuel Romero, gerente de ETRES Consultores y Doctor ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, analizó los errores energéticos que seguimos cometiendo en nuestros hogares y edificios en 2026, un año en el que la eficiencia y la gestión correcta de la energía son más relevantes que nunca. Desde potencias contratadas excesivas hasta hábitos de consumo que no se adaptan a las horas más eficientes del día, muchas decisiones diarias siguen afectando directamente la factura eléctrica, el confort y el aprovechamiento de los recursos disponibles.
Un simple vistazo a viviendas, comercios y oficinas revela patrones repetidos: potencias contratadas por inercia, climatización sin considerar cómo responde el edificio y hábitos de consumo que ignoran la producción renovable o los momentos de menor coste energético. Estos errores, silenciosos pero persistentes, se pagan todos los meses, y en 2026, con el aumento de costes fijos, serán aún más visibles. La buena noticia es que corregirlos no requiere grandes obras ni inversiones complicadas: basta revisar contratos, observar el comportamiento de los edificios y ajustar los hábitos de consumo.
Noticias energéticas y contexto para 2026
El año comienza con previsiones claras sobre el precio de la electricidad en el mercado mayorista: en enero, se espera un valor alrededor de 96,7 €/MWh; febrero registrará una subida hasta 108,3 €/MWh, y marzo presentará una fuerte caída hasta aproximadamente 53 €/MWh. Esta variación responde a factores estacionales: al disminuir el uso de la calefacción y aumentar las horas de sol, la demanda energética general baja, lo que reduce los precios. Durante la primavera, los valores se moderan, mientras que en verano se espera un repunte por el aumento del uso del aire acondicionado.
Este ciclo (Invierno con más demanda y precios altos, primavera con menor consumo y precios bajos, verano con repunte) se repite cada año, y conviene entenderlo para tomar decisiones energéticas inteligentes. Para contextualizar, antes de 2020, lio precios habituales se situaban en entre 40 y 50 €/MWh, y durante la crisis energética alcanzamos picos de 400 €/MWh. En este primer trimestre de 2026, los precios rondarán los 100 €/MWh. Aunque no es un valor extremo, su impacto se combina con otros factores que encarecen la factura: peajes en aumento, potencias contratadas elevadas y un uso poco eficiente de la energía en nuestros edificios.
En este contexto, los errores energéticos se pagan más: mantener una potencia sobredimensionada, climatizar sin evaluar cómo responde el edificio o no adaptar los hábitos de consumo a los horarios más eficientes genera costes innecesarios. Por ello, donde más margen de mejora exige este años no es en los precios de mercado, sino en cómo usamos la energía en casa y en nuestros edificios.
El contexto de la vivienda en España también influye indirectamente en las decisiones energéticas. La vivienda se ha convertido en un problema central: es cada vez más cara y escasa, lo que afecta la planificación y ejecución de proyectos eficientes. El precio sube por dos motivos fundamentales: impuestos excesivos y plazos de tramitación de licencias prolongadas. La construcción de un edificios requiere disponibilidad de suelo, redacción de proyectos, licencias, inspecciones y trámite notariales, en los que interviene distintas figuras, siendo la administración un actor contrante que impone tasa y tributos en cada fase.
Por ejemplo, en el coste del suelo, el 20% corresponde a impuestos; en construcción, el 35%; honorarios de técnicos y servicios, 5%; comercialización, 5%; y la venta final, 10%. En total, entre un 28 y 30% del precio de obra nueva se destina a impuestos, mientras que en la vivienda de segunda mano el porcentaje es de 18 y 22%. Además, los plazos de tramitación pueden llegar a 12-24 meses, con municipios que tardan incluso dos años en responder inicialmente, complicando la planificación y encareciendo las decisiones sobre eficiencia energéticas.
Actualmente se construyen una 150.000 viviendas al años, pero la demanda supera las 300.000 unidades, con un déficit estimado de 600.000 viviendas según el Banco de España. La solución pasa por liberar suelo rápidamente, agilizar la emisión de licencias y, en casos específicos, reducir impuestos de manera radical para viviendas destinadas a colectivos prioritarios, como los jóvenes. La falta de oferta y la escasez de viviendas aumentan la presión sobre los costes energéticos, ya que los edictos nuevos o reformados deben asumir costes elevados desde la construcción hasta la climatización y el consumo diario.
Errores energéticos que seguimos cometiendo
1.- Potencia contratada excesiva
El primer error, silencioso pero muy común, es la potencia contratada superior a la necesaria. La factura eléctrica incluye dos conceptos: (1) potencia contratada y (2) energía consumida. La potencia contratada es fija, pagada todos los meses, y a menudo se ha definido “por si acaso”, generando un gasto mensual innecesario.
En muchos edificios se detectan potencias de 5,75 kW, 6,9 kW o incluso 9 kW, cuando el uso real permitiría funcionar con 3,5 kW o 4,5 kW. Reducir un solo tramo puede generar entre 70 y 100 € de ahorro anual, sin necesidad de obras, solo con contactar a la compañía eléctrica. En 2026, con costes fijos en aumento, este error se pagará aún más caro. Las aplicaciones de compañías como i-DE permiten consultoras el histórico de demanda real, facilitando determinar la potencia adecuada.
2.- Climatizar sin evaluar el edificio
El segundo error recurrente es centrarse en los equipos (calderas, aire acondicionado, bombas de calor) sin analizar cómo responde el edificio. Muchas viviendas y locales pierden energía rápidamente: ventanas mal selladas, cajones de personas sin aislamiento, corrientes de aire o puerta abiertas constantemente. Esto provoca que el confort no alcance y se recurra a decisiones incorrectas: aumentar la temperara en invierno, bajar demasiado en verano o instalar equipos más potentes.
El problema real no está en la máquina, sino en la eficiencia del edificio. Mejoras simples como sellar ventanas, instalar burletes o incorporar aislamiento, y otras más complejas como cambiar ventanas o añadir aislamiento térmico, pueden reducir el consumo y mejorar el confort más que cualquier equipo nuevo.
3.- No adaptar hábitos al momento de consumo
l tercer error afecta a usuarios con placas solares o tarifas horaria, como la PVPC. La mayoría de instalaciones fotovoltaicas generan electricidad durante el día, con pico al mediodía, pero los hábitos se mantiene: lavadoras, secadoras o cocinas se usan por la tarde o noche , cuando la electricidad es más cara.
No aprovechar la energía solar o las tarifas por horas implica pagar más y desabrochar recursos. La regla es sencilla: consumir durante las horas centrales del día, cuando la producción renovable es máxima y la electricidad más barata. Para electrodomésticos sin programación automática, se pueden usar temporizadores mecánicos que desplazan el consumo a los momentos más eficientes.
Con el aumentos de interacciones de autoconsumo en España, este error será más relevante en 2026: habrá más producción renovable y precios variables, y adaptar hábitos de consumo generará ahorro directo y eficiencia.
Conclusiones y recomendaciones para 2026
En 2026, los errores energéticos no son tecnológicos, sino de hábitos. Revisar contratos y potencias, entender cómo se comporta el edificio y ajustar horarios de consumo son medidas simples con retorno inmediato.
Tres pasos concretos para mejorar eficiencia y reducir costes:
- Revisar contratos y potencias: ajustar la potencia a lo realmente necesario permite un ahorro inmediato y evita pagar de más cada mes.
- Analizar el edificio antes de tocar máquinas: observar corrientes, confort y horarios evita decisiones innecesarias sobre equipos.
- Ajustar hábitos de consumo: aprovechar la producción fotovoltaica y tarifas horarias, consumiendo cuando la energía es más barata o cuando se produce.
Estas acciones, sencilla pero efectiva, permiten reducir la factura eléctrica, mejorar el confort y utilizar mejor los recursos disponibles, sin necesidad de obras ni grande inversiones. En 2026, la eficiencia energética depende más de la gestión consciente de la energía que de la tecnología disponible.
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