
En el nuevo programa de «Con Buena Energía», en colaboración con EsRadio Elche 103.7 FM, Manuel Romero, gerente de ETRES Consultores y doctor ingeniero de caminos, analiza la fragilidad de la red eléctrica en España. En este análisis, se exponen los desafíos técnicos que podrían comprometer el suministro en los próximos años. Ante la posibilidad de sufrir un apagón a corto plazo, examinamos las causas técnicas y los riesgos reales que condicionan la planificación energética actual.
La transición hacia un modelo descarbonizado ha transformado el mix energético, pero esta rápida evolución ha puesto de manifiesto vulnerabilidades técnicas en la infraestructura. La pregunta actual no es solo si la red es robusta, sino por qué asegurar la estabilidad del sistema está incrementando los costes operativos de forma tan significativa.
La inercia y la fragilidad de la red eléctrica
Para que el sistema eléctrico funcione correctamente, la red debe latir a un ritmo exacto: 50 Hercios (Hz). Tradicionalmente, este equilibrio lo garantizaba la generación síncrona (nuclear, gas e hidráulica), cuyas turbinas aportan «inercia», actuando como un volante que frena cualquier desestabilización.
El problema de la fragilidad de la red eléctrica surge con el auge de las renovables asíncronas. Al depender de inversores electrónicos «grid-forming», estas no crean estabilidad por sí mismas, sino que necesitan una red ya estable para acoplarse. Si la red flaquea debido a una perturbación, estos sistemas tienen menos capacidad de corrección inmediata, lo que eleva el riesgo de caídas en cascada.
Desafíos en la operación técnica del sistema
Cuando analizamos los incidentes que han puesto en jaque la red, observamos que el sistema opera con frecuencia cerca de sus límites técnicos. Se ha priorizado el titular de «récord de generación renovable» sin haber adaptado previamente la infraestructura de respaldo.
Es fundamental entender que no es responsabilidad de las empresas eléctricas decidir qué centrales funcionan; esa orden la dicta REDEIA (antigua Red Eléctrica). Si se obliga a desconectar centrales síncronas para dar paso a las renovables sin contar con sistemas de almacenamiento o inversores de nueva generación «grid-forming», la red se vuelve frágil. Aquel día crítico que todos recordamos, la frecuencia salió de rango y las centrales se desconectaron por seguridad, provocando un efecto dominó que casi nos deja a oscuras.
Consecuencias de la fragilidad de la red eléctrica en el precio
Para evitar que el riesgo de gran apagón en España se materialice, el sistema ha activado un «plan de choque» que afecta directamente al bolsillo del consumidor. La solución actual para estabilizar la red ante la falta de inercia ha sido aumentar drásticamente el uso de los ciclos combinados de gas y los llamados servicios de ajuste.
Estos servicios son, en esencia, pagos que hacemos todos para que haya centrales de reserva listas para actuar en milisegundos si la frecuencia cae. Las consecuencias son visibles en la tendencia de la evolución de los precios:
- 2024: Precios estables en torno a los 85-95 €/MWh.
- 2025: Subida moderada hasta los 120 €/MWh.
- 2026: Una volatilidad extrema donde las medias superan los 120 €/MWh, impulsadas por los costes técnicos de red.
La paradoja energética: El gas frente a la nuclear y el uranio nacional
España se encuentra en una contradicción estratégica. Por un lado, se mantiene una dependencia estructural del gas importado para asegurar la estabilidad que las renovables aún no pueden garantizar por sí solas. En contraste, mantenemos un plan de cierre de las centrales nucleares, que son precisamente las que aportan estabilidad sin emisiones de CO2.
Desde una perspectiva de autonomía, resulta notable que el país disponga de yacimientos de uranio propios que podrían reforzar la soberanía energética. No obstante, el marco regulatorio vigente limita su aprovechamiento, lo que deriva en la necesidad de importar combustibles de mercados exteriores, a menudo condicionados por la inestabilidad internacional. Esta dirección en la planificación técnica plantea un debate necesario sobre cómo equilibrar los objetivos de sostenibilidad con la seguridad y la eficiencia del suministro nacional.
¿Puede volver a pasar?. Nos enfrentamos al riesgo de un apagón en España
La respuesta corta es sí, el riesgo sigue ahí. Pero es fundamental entender que el culpable no es la energía limpia. El problema no son las renovables; el problema es la falta de adaptación.
Para que España sea un país con energía barata y segura, necesitamos tres pilares:
- Adaptación de la red: Implementar masivamente tecnologías «grid-forming» que permitan a los inversores de renovables crear su propia estabilidad.
- Almacenamiento: Sin baterías a gran escala o bombeo hidráulico, el excedente renovable se desperdicia o desestabiliza.
- Planificación técnica frente a la política: Las decisiones deben basarse en la física de la red, no en el calendario electoral.
Conclusión: Cómo gestionar la fragilidad de la red eléctrica
El riesgo de un gran apagón en España en 2026 no es una profecía catastrofista, sino una posibilidad técnica si seguimos operando la red al límite de su estabilidad. La solución no es frenar las renovables, sino acelerar la inversión en redes inteligentes, almacenamiento y mantener el apoyo de la energía nuclear mientras la tecnología de respaldo no esté madura..
El éxito de nuestra transición energética reside en el análisis técnico real. Es lo que garantiza que nuestras industrias sigan produciendo y que nuestras casas tengan luz a un precio justo. Sin una planificación técnica rigurosa, seguiremos enfrentando costes elevados por un sistema que, paradójicamente, es cada vez más vulnerable.
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