
En el nuevo programa de «Con Buena Energía», en colaboración con EsRadio Elche 103.7 FM, Manuel Romero, gerente de ETRES Consultores, abordó un fenómeno que cada verano resulta más evidente en muchas ciudades, la isla de calor urbana, un efecto que puede incrementar la temperatura y reducir el confort de los espacios urbanos.
Durante las olas de calor es habitual escuchar que determinadas ciudades alcanzan temperaturas muy elevadas, sin embargo, cuando hablamos de calor urbano conviene diferenciar entre la temperatura que registra un termómetro, la sensación térmica que perciben las personas y los cambios que ha experimentado el entorno urbano durante las últimas décadas.
Aunque el aumento de las temperaturas es una realidad ampliamente documentada, existe otro fenómeno que influye directamente en nuestro confort diario, la isla de calor urbana.
¿Por qué hace más calor en la ciudad que fuera de ella?
Muchas personas han experimentado la misma sensación al salir de una ciudad durante una noche de verano, basta recorrer unos pocos kilómetros hacia una zona agrícola o natural para notar que el ambiente resulta más fresco, la explicación está en cómo funcionan las superficies urbanas.
Durante el día, calles, edificios, cubiertas y plazas reciben radiación solar de forma continua, estos materiales almacenan una gran cantidad de calor que posteriormente liberan de forma gradual cuando cae el sol.
Mientras que el suelo natural o las zonas con vegetación se enfrían relativamente rápido al anochecer, el hormigón, el asfalto y otros materiales de construcción continúan desprendiendo calor durante horas, este fenómeno provoca que las temperaturas nocturnas dentro de la ciudad sean superiores a las registradas en áreas rurales cercanas.
Las pantallas de temperatura de la calle no siempre son fiables
En verano es frecuente ver pantallas informativas urbanas marcando 42 ºC, 45 ºC o incluso más grados, estas imágenes suelen llamar la atención y generan una percepción inmediata de calor extremo, sin embargo, esos valores deben interpretarse con cautela.
Las estaciones meteorológicas profesionales utilizan sensores protegidos de la radiación solar directa y ubicados bajo condiciones controladas, en cambio, muchas pantallas urbanas incorporan sensores situados dentro de estructuras expuestas al sol, cerca de fachadas, pavimentos oscuros o elementos que acumulan calor.
Como consecuencia, el sensor no solo mide la temperatura del aire, sino también el calentamiento de los materiales que lo rodean, en consecuencia, las temperaturas mostradas en estas pantallas no siempre coinciden con los datos meteorológicos oficiales, si queremos conocer registros validados y más fiables es recomendable consultar las mediciones publicadas por la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET).
El papel del asfalto y los materiales oscuros
Cuando pensamos en una ciudad, pocas veces somos conscientes de la enorme superficie ocupada por calles, aparcamientos, aceras y cubiertas.
El asfalto es uno de los materiales que más contribuye al efecto isla de calor, su color oscuro absorbe una gran cantidad de radiación solar y puede alcanzar temperaturas superficiales muy superiores a la temperatura ambiente.
Lo mismo ocurre con determinadas fachadas oscuras, cubiertas impermeabilizadas con acabados negros o plazas pavimentadas sin elementos de sombra.
En realidad, durante los meses más cálidos no solo nos afecta la temperatura del aire, también recibimos calor irradiado desde el suelo, las fachadas y otros elementos que nos rodean.
Por este motivo dos calles con la misma temperatura ambiente pueden generar sensaciones térmicas muy diferentes.
El color de los edificios también influye
Veamos un ejemplo muy sencillo para entender este efecto:
En pleno verano, una camiseta negra se calienta mucho más rápidamente que una camiseta blanca expuesta al mismo sol, los edificios funcionan de forma similar.
Los colores oscuros absorben una mayor cantidad de radiación solar, mientras que los colores claros reflejan parte de esa energía, durante siglos, muchas construcciones del Mediterráneo utilizaron fachadas blancas o tonos muy claros precisamente para reducir el calentamiento de los edificios.
No era una cuestión estética, era una solución constructiva que ayudaba a mejorar el confort térmico y reducir la acumulación de calor, actualmente, algunas ciudades están recuperando este tipo de estrategias mediante cubiertas reflectantes o pavimentos con colores más claros que permiten disminuir las temperaturas superficiales.
Este tipo de soluciones también pueden formar parte de estrategias de rehabilitación energética de edificios, especialmente cuando se busca mejorar el comportamiento térmico de la envolvente.
Árboles, sombra y ciudades más confortables
Si existe una herramienta eficaz para combatir el calor urbano, esa es la vegetación.
Los árboles aportan sombra, reducen la radiación solar que llega al pavimento y generan un entorno más agradable para las personas, sumado a esto, la evaporación de agua que se produce a través de las hojas contribuye a disminuir ligeramente la temperatura del aire en su entorno inmediato.
En consecuencia, muchas ciudades están incorporando corredores verdes, nuevas alineaciones de arbolado y zonas de sombra en espacios públicos.
La selección de las especies también es importante, en climas mediterráneos suele ser recomendable utilizar árboles adaptados a las condiciones locales y, siempre que sea posible, de hoja caduca, de esta forma proporcionan sombra durante el verano y permiten la entrada de radiación solar durante el invierno.
¿Se puede reducir el calor de las calles?
Además del arbolado, algunas ciudades están experimentando con nuevos materiales para pavimentos urbanos, existen proyectos desarrollados en ciudades como Los Ángeles, Atenas, Barcelona o Murcia donde se han utilizado pavimentos de alta reflectancia o mezclas asfálticas de colores más claros.
El objetivo es sencillo, reducir la cantidad de radiación solar absorbida por la superficie, los resultados obtenidos muestran descensos significativos en la temperatura del pavimento y mejoras en las condiciones térmicas de determinadas zonas urbanas
Cómo reducir una isla de calor urbana
Las olas de calor forman parte de una realidad que cada vez condiciona más la forma en que diseñamos y gestionamos nuestras ciudades.
La orientación de las calles, la presencia de vegetación, los materiales empleados en pavimentos y fachadas o la planificación de espacios públicos tienen una influencia directa sobre el confort térmico de los ciudadanos.
Reducir el efecto isla de calor no depende de una única medida, requiere combinar soluciones urbanísticas, constructivas y ambientales que permitan crear espacios más habitables durante los meses más cálidos.
Si necesitas evaluar las condiciones ambientales o energéticas de un edificio, en ETRES Consultores podemos ayudarte a analizar su comportamiento y valorar posibles medidas de mejora orientadas al bienestar y la eficiencia energética.
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